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El Hospital Príncipe de Asturias pone en marcha un programa específico para reforzar la atención de la salud mental en la infancia y la adolescencia

El programa puesto en marcha desde el Hospital Príncipe de Asturias está dotado de dos psicólogas clínicas, dos psiquiatras y un enfermero especialista en Salud Mental. La intención del programa es mejorar el acceso de los niños adolescentes que lo necesiten a la atención específica en los servicios de salud mental para reducir la lista de espera para primera consulta, así como proporcionar una atención ambulatoria multidisciplinar de calidad. El abordaje incluye tratamientos individuales, familiares  y grupales, coordinación con el equipo multidisciplinar de la red de Salud Mental y coordinación con todos los recursos comunitarios (educativos, de apoyo, etc).

Esta iniciativa es un desarrollo del Plan de Salud Mental y Adicciones 2022-2024. El objetivo es contribuir a la mejora de la salud mental trabajando en la prevención y el diagnóstico precoz en los jóvenes, de forma que permita afrontar los efectos en la salud mental de la crisis sanitaria y social generada por la pandemia del COVID-19 y los efectos de otros factores de distinta índole que afectan a su salud mental en la actualidad. 

La infancia y la adolescencia forman parte de esa “prioridad mundial” que es “la salud mental de todos”, como recoge el lema elegido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la celebración este 10 de Octubre del Día de la Salud Mental, que organiza la OMS desde 2013 en todo el mundo. Según la propia OMS, en el mundo, una de cada siete personas jóvenes de 10 a 19 años padece algún trastorno mental.

Además, la UNICEF calcula en un informe que más del 13% de los adolescentes de 10 a 19 años padecen un trastorno mental. También según este informe, la ansiedad y la depresión representan alrededor del 40% de estos problemas de salud mental, y a esto hay que sumar el malestar psicosocial de niñas, niños y jóvenes que no alcanza el nivel de trastorno mental, pero que perturba su vida, su salud y sus expectativas de futuro.

La educación emocional es una de las piezas clave para fomentar la salud mental desde las primeras etapas de la vida. Pero, además, existen una serie de factores de riesgo que influyen en la salud mental de niñas, niños, adolescentes y jóvenes como son haber sido víctima de abusos sexuales, de acoso escolar o ciberbullying, el género, las expectativas sobre el empleo o el cambio climático, las adicciones con o sin sustancia, la soledad no deseada, ser migrante o haber sobrevivido a un conflicto bélico.

En todo el mundo, hay una conciencia cada vez mayor de la importancia de la salud mental y de la prestación de servicios y apoyos centrados en la persona y que promueven un enfoque orientado a la recuperación y basado en los derechos humanos. En relación con ello, a nivel nacional e internacional se han desarrollado distintas estrategias, herramientas y modelos alternativos dirigidos a la humanización de la atención, la reducción, prevención y eliminación de la coerción y la mejora de los servicios de salud mental en general. 

Las iniciativas dirigidas a la adopción de enfoques de recuperación y de derechos humanos se han postulado como esenciales por asociaciones de usuarios, profesionales (Asociación Española de Neuropsiquiatría), instituciones (Oficina Regional de Salud Mental y Adicciones de la Comunidad de Madrid) y organizaciones nacionales e internacionales (OMS, Naciones Unidas, Consejo de Europa…) para poder alcanzar un cambio efectivo en la práctica asistencial.

Manifiesto de Cartagena

En esta línea, en particular, el Área de Gestión Clínica y Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Príncipe de Asturias se adhirió en el año 2017 al Manifiesto de Cartagena, desarrollado por la Asociación Española de Neuropsiquiatría junto con asociaciones de usuarios, en el que se comprometió a trabajar por la eliminación de prácticas como las sujeciones mecánicas y las condiciones que las sostienen.

Para hacer esto posible, se han adoptado distintas acciones en el área de la formación, la supervisión, la coordinación y la práctica clínica, que están favoreciendo el cambio cultural y que tienen un impacto tangible en la reducción de la coerción y el desarrollo de cuidados ajustados a las necesidades de cada persona.

Entre otras, una de las actividades fundamentales que caracterizan a la unidad de hospitalización breve son las denominadas salidas terapéuticas, que podríamos definir como un ejercicio de encuentro y acompañamiento entre las personas ingresadas en el exterior del hospital y los profesionales, que busca la construcción de vínculos reparadores desde la horizontalidad, el respeto a la autonomía y la confianza.


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